viernes, marzo 24, 2006

Ella sin ángeles y sin sombrero - Mariela Arzadun

Veo cómo tú reclamas la belleza del jardín como una mujer muerta sosteniendo con su mentón el musgo que corre con su látigo sobre el viento de hilos de dedos de elefantes que resucitan sin sus cabelleras de ángeles fatigados. Escucho con tu miedo sabroso el jugo resaltando la langosta que frenó con su hacha el zumbido negro de una ausencia. No existe ya tu rostro en las yemas de mis dedos. No busques más la inteperie de la aparición desnuda. Se ajustan los anillos de diversas maneras para que no me muera. -¡Y sin sombrero no puedo caer muy lejos de la lluvia que se esfuerza por memorizar el sendero de los aguijones! La noche como siempre me retuerce como un signo de aventura inconclusa que acaba de volver. Ella que sabe de semáforos de carne que ríen fuerte entre las tumbas de pájaros salados, derrite en mi cabeza los alambres de juguete. -¡Qué triste dormir solo en esta cama cubierto con dientes de semillas de sandía! Con vértebras aguadas al recordar el lugar donde se nace para seguir así viviendo.