sábado, noviembre 25, 2006
me esfuerzo por arrancarle los pétalos al mundo - por mariela arzadun -
a rellenar los almohadones con flores de fósforo cristalino a asomarte a los balcones que encienden limoneros a enhebrar los cabellos de la luna entre tus manos
hace unos días dejé una guitarra de cuerdas de manzana para aliviar el viento que enciende razonamientos llenos de números era el espejo en donde refugiarnos la sal que corporiza la vitamina de los árboles
pude arrojarme entre los destinos que funden miel adentro de los ojos pude desnudarme en labios que quebraron el hastío del mundo y su cuadrícula sin vida
te ví muy de cerca
muy cerca
los soles se miraron y estrecharon sus hombros treparon por el remo de los hábitos inútiles nacieron frutas de las agallas sueltas
yo seguí el rumbo de los pájaros amarillos cubiertos con las raíces de los truenos más fugaces arranqué la aleta de ese rostro de estrella que se arrojó en el fogón más libre y discutí con los mirones que dicen que todo lo saben al amanecer mientras caminan con zapatos y sienten predilección por los agujeros en el suelo
yo sentí que esa noche la luna saldría de las aguas en las que cocinó sus sombras sus dientes amarrados lluvia de duda y rabia peregrina
yo respiro y dejo que se trituren las comedias y los dramas
algunas palabras se empiezan a formar y a dibujar un mensaje
sábado, octubre 14, 2006
CONTRACATEXIS Y ANULACIÓN RETROACTIVA EN EL PSIQUISMO DE DERRAME (ENGLISH VERSION)

(Subtitile of the cartoon):
Augusto Pinochet: –Tell me mirror…Who is the most beautiful of them all?
The mirror: Beauty will be convulsive, or not at all.
There has arrived on the table of our editorial, with something of a delay, the reply to our manifesto "Unmistakable signs of miserabilism in the Derrame Group of Santiago of Chile, published in the collection "The Anti-Miserabilist" (January 2006), and already distributed in the five continents.
To have waited so much time in order to read this puerile declaration! In Prima Fascie, the technique adopted by the collective from the other side of the Andes, seems to have been to deny everything (because they cannot even believe it themselves) only in order to end up confirming everything, exactly and in the manner that we had accused them of. Here is a summary where they put forward their arguments:
* Yes they accept financing from the Catholic University = it's because they are poor (what are they expected to do if they have no money, sit with their arms crossed doing nothing?);
* Yes they have presented work in the Paul Getty Foundation = that's because they "attended" as exhibitors, and not of course because they were the "organisers";
* Federico Schopf, eulogist of Neruda, is not their Godfather = it's only that he presented them publicy;
* They admit that Brugnoli, the curator of the Museum, also presented them = but they don't have anything to do with him;
* It's a fact that they don't participate in any social struggle (students, workers, mapuches etc) = this would playing the game with the "stalinist apparatus" and the "hackneyed old revolutionaries";
* They make revolution through art, that is, by other means, through the spirit = "spilling all manner of energetic and astrophysical fluids";
* For this Roberto Yañez affirms: "I don't believe that the denial of the existence of God leads anywhere, and in this sense we have regressed to the times of ignorance" =…(regarding this confession, so clear and so mistaken, they maintain a prudent silence…Is it not worth a single word? Or a note in the margin from the surrealist point of view? Has the cat got their tongue on this one?).
* Enrique de Santiago, who presented himself in the Chilean - North American Foundation of Culture (an entity which has the backing of the Rotary Club, the diplomatic legation of the United States in Chile and - as always, inevitably - the Catholic University), disseminator of a nauseating esotericism by means of his web page, and Ernesto Gallardo (curator of his exhibition of August 2000 in the Artium Gallery, presented as "Professor of the State in the Plastic Arts through the University of Chile"), it's true that both of them belonged to the Derrame Group = but now they don't belong (did some astonishing metamorphosis take place in the meantime? Or are they simply the two most successful students to have graduated and advanced their career through the Derrame Group).
Later they get all hot and bothered when they are described as puppeteers.
They, of course, invoke "a Mad Tea-Party" of Lewis Carroll.
But we believe that what they admire about Lewis Carroll isn't the spirit of Lewis Carroll, it isn't the image of Alice lying deeply asleep on a couch, as was portrayed by Clovis Trouille. The manner in which they relate to Lewis Carroll is this split of personality, and of an era (the Victorian era) which expounded this fanciful notion: that you can be a deacon and a poet at the same time; Dr. Jekyll AND Mr. Hyde; Dorian Gray AND his picture…
That which the Derrame Group can never perform, is the miracle of being themselves, and at the same time, being surrealists.
Río de la Plata Surrealist Group
Buenos Aires / Montevideo
Translated by: Oscar McLennan
Buenos Aires – october 2006
viernes, agosto 11, 2006
CONTRACATEXIS Y ANULACIÓN RETROACTIVA EN EL PSIQUISMO DE DERRAME
Augusto Pinochet: –Dime espejito… ¿Quién es la más bella?
El espejo: La belleza será convulsiva, o no será.
Ha llegado a la mesa de nuestra redacción, con algo de retraso, la réplica a nuestro manifiesto "Señales inconfundibles de miserabilismo en el grupo Derrame de Santiago de Chile", publicado en la colección "El Anti-miserabilista" (enero de 2006), y ya distribuído en los 5 continentes.
¡Haber esperado tanto tiempo para leer esta pueril declaración! Prima fascie, la técnica adoptada por el colectivo trasandino parece haber sido negarlo todo para (porque ni ellos mismos ya se lo pueden creer) terminar afirmándolo todo, exactamente y del modo como nosotros lo habíamos denunciado. He aquí un resumen donde ellos exponen sus argumentos:
.Si aceptan la financiación de la Universidad Católica = es porque son pobres (¿qué esperaban, si no tienen dinero, que se crucen de brazos y no hagan nada?);
.si se han presentado en la Fundación Paul Getty = es porque "concurrieron" como expositores, desde luego no porque fuesen los "organizadores";
.Federico Schopf, panegirista de Neruda, no es el padrino de ellos = sólo es el que los presentó públicamente;
.aceptan que Brugnoli, el curador del Museo, también los presente = pero no tienen nada que ver con él;
.es cierto que no participan de ninguna lucha social (estudiantes, mapuches, obreros, etc.) = porque eso sería jugar con los "aparatos stalinistas" y los "revolucionarios transnochados";
.ellos hacen la Revolución a través del arte, se entiende, por otros medios, por el espíritu = "derramando todo tipo de fluidos energéticos y astrofísicos";
.Por eso Roberto Yánez afirma: "no creo que la negación de Dios conduzca a algo, y en ese sentido hemos regresado a los tiempos en que no se sabía nada" = … (sobre esta confesión, tan clara, tan inequívoca, ellos mantienen un prudente silencio… ¿No merece decirse ni una sola palabra, o hacer una pequeña acotación desde un punto de vista surrealista? ¡A ver, quién se anima!).
.Enrique de Santiago, quien se presenta en la Fundación Chileno-Norteamericana de Cultura (entidad que cuenta con el auspicio del Rotary Club, la legación diplomática de Estados Unidos en Chile y –siempre, ineludiblemente– la Universidad Católica), divulgador de un esoterismo nauseabundo desde su página de Internet, y Ernesto Gallardo (curador de su exposición de agosto de 2005 en la Galería Artium, presentado como "Profesor de Estado en Artes Plásticas por la Universidad de Chile"), es verdad que ambos pertenecían al grupo Derrame = pero ya no pertenecen (¿se produjo en el interín alguna asombrosa metamorfosis, o resultaron ser los alumnos más aventajados del grupo Derrame?).
–
Después se enardecen cuando se les toma por unos titiriteros.
E invocan, justamente, la "merienda de locos" de Lewis Carrol.
Pero creemos que, lo que ellos admiran en Lewis Carroll no es a Lewis Carroll, no es la imagen de Alicia recostada en un canapé, profundamente dormida, tal como la había mostrado Clovis Trouille. Lo que en ellos conecta con Lewis Carroll es la escisión de una personalidad y de una época (la época Victoriana) que había planteado esta caprichosa posibilidad: que se puede ser un diácono y a la vez un poeta; se puede ser el Dr. Jekyll y a la vez Mr. Hyde; se puede ser Dorian Gray y a la vez su retrato...
Lo que no podrán hacer jamás los miembros del Grupo Derrame es el milagro de ser ellos mismos y, a la vez, ser surrealistas.
Grupo Surrealista del Río de la Plata.
martes, agosto 01, 2006
lunes, julio 31, 2006
La ausente - Mariela Arzadun
Me acomodé en el aterciopelado sillón verde musgo, que participaba de la pequeña sala en la que estábamos colocadas, encendí un cigarrillo, palpé las imperceptibles arrugas de mi larga falda, y me dejé llevar por ese mar puntilloso de palabras punzantes, que me esperaban del otro lado de la playa. Iba en busca de mis primeras impresiones. Siempre me habían atraído las personalidades insolentes y altaneras, debido al aire teatral que percibía en ese ir y venir de gestos, que creía, acompañaban todo discurso serio e importante.
Además las quejas no iban dirigidas hacia mí, sino hacia la mujer que se encargaba de mantener la casa siempre limpia y presentable. Yo solamente miraba la escena, como una insensible oyente con aire de comediante, a la que le agradaban los enfrentamientos inútiles, por su parecer siempre trágico y trascendente.
La casa presentaba sus atractivos. Enseguida supe que podríamos entendernos al chocar mis caprichos con las pequeñas dosis de orgullo y exuberancia que ya aportaba la escena. Al pisar aquellos alfombrados suaves y limpios, dejé vagar mi imaginación hasta hallar la imagen de la que sería mi próxima pintura. Ese era mi método. Hacía cinco años que me dedicaba a recrear ambientes. Encontraba en ese lujo, el placer de parecer útil cuando en realidad, estaba realizando la más inútil de las tareas que el espíritu se ensaña en expulsar, cuando no tiene nada mejor que hacer.
La gente se había acostumbrado al cambio continuo. Ahora deseaba vivir en espacios nuevos todos los meses. Pedía que les inventara lugares cada vez más exóticos y raros. Y entre los amigos se llevaban a cabo las más interesantes competencias. Contrataban a los mejores fotógrafos para guardar sus caprichos, e ir comparando la diversidad de estilos y tendencias según la temporada. El brillo los seducía con su aire de superioridad. Y cuando se dibujaba en su rostro la mueca del desdén propio de la amante despechada, podían incluso hasta morir, si no eran besados por esos labios de terror vestido de gala. Le rendían los mayores honores a la exuberancia de las formas. Encontraban en ello el manto frugal que los protegería del fatal anonimato.
No presté atención a las indicaciones de la dueña de casa. Siempre en desacuerdo consigo mismas, piden lo que no quieren que una haga. Nunca están conformes con lo que piensan o, mejor dicho, con lo que creen que piensan y si uno pone todo su empeño en reproducir lo que piden, terminará no sólo cometiendo un asesinato con la idea ajena si no además, terminará suicidando la propia. Así que mientras componía su monólogo subyugante, me dediqué a observar detenidamente, aquel salón en el que estábamos cómodamente sentadas. Parecía recién pintado y florecía en una luminosidad especial, que le daba un aspecto particularmente calmo e inmóvil, como de otro tiempo. Grandes plantas caían indecorosas por los ordenados estantes cubiertos de libros, que tapizaban toda una pared. Me detuve en los libros de pintura. Y centré mi atención en aquellos autores y títulos desconocidos para mí. Por cierto, eran muchos.
La mujer seguía apilando palabras en forma de pirámide con lo cual razoné, terminaría su idea y me vería perturbada por un oscuro silencio, abierto a las divagaciones de mi espíritu. Supe simular un rostro atento frente a la conversación que la mujer pretendía esmaltar con oro y perlas, pero que a mis oídos caía como un pájaro muerto debido a una enfermedad pasada de moda.
Había en un rincón apartado de la luz, un instrumento de cuerdas, que no recuerdo el nombre, pero que la señora Bizancio dijo haber traído de Marruecos, al haber encontrado el avioncito ganador en un paquete de yerba.
Terminada la presentación oficial, realicé una serie de anotaciones en mi libreta mientras le acercaba con una suave sonrisa, mi radiante tarjeta de letras escarlatas sobre un fondo azul pálido. Y finalmente me fui con un ceremonioso movimiento de cabeza, previamente elegido para estas ocasiones.
Recibí el llamado de la dueña de casa luego de dos días. Tiempo prudencial, que no manifiesta desesperación pero tampoco olvido. Acordamos que iría al día siguiente, portando ostentosos diseños generalmente imposibles de llevar a cabo, pero que el sólo hecho de presentarlos generaba en el otro, la impresión de que sabía realizar mi trabajo.
En la puerta de calle me choqué con el marido de la señora Bizancio. Me miró unos segundos antes de presentarse y pude percibir un brillo especial, dentro de la oscuridad que envolvía sus grandes ojos. Con un movimiento suave de manos se retiró rápidamente pues, se disculpó, llegaría tarde a su trabajo. Marcos era un hombre de unos cincuenta años, algo más joven que su mujer y abogado de renombre. No sólo había sido conocido por su eficaz labor en el fértil terreno de las leyes, sino que además, había tenido la sucia desgracia de verse involucrado en algunos negocios de la noche, no muy bien vistos por la sociedad del momento. Pero ahora, todo había sido olvidado y había podido volver a ser un hombre respetable y orgulloso de su buen nombre.
La señora Bizancio me esperaba en el jardín con un delicioso té de hierbas. Lucía sonriente y recién perfumada. Había recogido con dedicación sus largos cabellos sobre la nuca, dejando a la vista un estirado rostro algo bronceado. Al verme tan pálida quiso recomendarme unas cremas bronceadoras, que unos conocidos amigos habían podido rescatar de la aduana, y que a ella le habían dado muy buenos resultados.
Estuvo conforme con mis diseños. Después de haberme contado acerca de la enfermedad de su madre, de lo terrible que era tener una hija adolescente y de describirme detalladamente el aburrimiento que le generaba estar todo el día sola, encargada de los hijos y de la casa, dejó todo en mis manos. Me aseguró que confiaba en mi buen gusto.
Yo mientras ella apilaba sus padecimientos, me había detenido a mirar una escultura tallada en roble que había al lado de una espléndida rosa china de color naranja, que adornaba el lado este del jardín. Después supe por el jardinero, que aquella talla había sido el regalo de bodas del abuelo de Marcos. Él era escultor y les había terminado la obra justo antes de morir. Un paro cardíaco le había impedido concurrir a la ceremonia religiosa. Pero la familia quiso que en su lugar, la escultura estuviera presente y por ello la habían colocado en al atrio de la iglesia, frente a los novios y al lado del cura que los uniría en el santo matrimonio.
El día estaba espléndido. Un cielo de luz celestial, salpicado con un barniz blanco de sombríos bordes, acompañaba mis pasos por el pasto recién cortado y humedecido por el rocío de la noche. No esperaba que otra imagen me asaltara en ese momento. Parecía ser que algo se había pulsado adentro mío en ese momento. Como si un lazo negro hubiese estrangulado mis nervios, hasta conmoverlos de un modo desconocido para mí. Evidentemente nada bueno había ocurrido. Sin embargo, amarillas gotas de sudor aparecían en mis manos cuando el sol lograba imponerse entre las orgullosas nubes de aquel autoritario y fantástico retrato.
La décima campanada de un antiguo reloj, de extraños números romanos, comprado hacía algunos años en una subasta, me arrancó de las cavilaciones en las que me veía sumergida. Lo cual despertó en mí la necesidad, el impulso febril, de sacudir fuertemente los cabellos de la dueña de casa, hasta despeinarla. Pero me contuve y sólo atiné a pedirle un poco más de ese sabroso té verde. Crucé suavemente las piernas, acomodé cuidadosamente las esclavas de plata que sostenían mi muñeca y luego de un largo suspiro reconfortante, me dispuse a explicar los próximos movimientos, que pensaba llevar a cabo dentro de aquella casa, de esbeltas puertas y filosas ventanas.
Quería interesar a mi auditorio con un escenario provocativo. Nada vulgar. Tampoco cubierto de ornamentos sin sentido. No buscaba conmoverlos, pues odiaba el llanto de quienes se sienten vivos sólo cuando logran derramar unas cuantas lágrimas. Quería pasión, sí, quería apasionarlos. No pretendía arrancarles de sus almas el instinto de guerra. No entendía a la pasión como un instrumento que sirviera para que los hombres vomitaran sus verdades más profundas. Veía en la pasión ese condimento que también ilumina a la verdad. Veía el fuego consumiendo al cartílago, que sólo se conforma con las vísceras o con los excrementos. Veía el rojo aire que se hunde en lo poco que tenemos de nosotros mismos.
No sabía cómo llegar al efecto preciso en un mundo de pieles resecas por los medicamentos y los fármacos sin savia.
Nadie se asombró cuando descubrió los largos cabellos de Eugenia sosteniendo la lámpara del pequeño vestíbulo color sangre.
lunes, julio 24, 2006
Calor violento - Mariela Arzadun
Separarnos. Había sido una decisión inconsistente, dolorosa, esperada. Me mordía los nudillos mientras lo miraba caminar ahora sin ruido, sin mirada, sin calambres en la boca. Había sido un acto solidario con el ayer. Ese ayer acuoso en sus vivencias de asombro y frías confusiones. Un ayer tan cercano en su inmovilidad de cuadro barnizado. Y tan lejano en sensaciones fuertes y estimulantes. Pero había sido en definitiva un gesto de compromiso con el presente. Tan blanco, tan peligroso y seguro de existir.
Me reí, me reí mucho durante un largo rato burbujeante en su novedad. Al llegar a mi casa lo primero que sentí fue el aroma a té de canela. Cuando apoyé la taza sobre la mesa escuché un fuerte ruido en la biblioteca. La estantería de libros de poesía se había caído completamente sobre una pequeña mesita de cedro torneado, derramando el florero que me había regalado mi padre hacía algunos años, luego de haberse divorciado de su mujer.
Algunos libros habían sufrido el golpe de suerte. Empapados como estaban, empecé a leer uno de ellos: “...su cola enroscada todavía, brillaba en la oscura recámara de aquella cueva decorada con pinturas de cuerpos desnudos, llenos de cicatrices. La marca de la lujuria en los ojos hinchados denunciaba el origen de esos cánticos. La inconclusa ceremonia de cabellos cobrizos y negros levantaba sus labios a los dioses. Las manos unidas en un grito de guerra para enfrentar al malvado de horribles premoniciones. El cuchillo en alto de la duda castigaba a los más decididos en sus súplicas. Todos estaban preparados para morir. El de gestos más elocuentes y mirada serena había establecido la hora indicada. El silencio se estaba imponiendo sobre la multitud hipnotizada...”
No pude seguir leyendo porque una desgraciada gota había borrado definitivamente, el desarrollo posterior de la escena. Me acordé del humeante té al ver los vidrios de la ventana empañados y dejé el libro a secar sobre la estufa. No pude evitar escribir con el dedo algunas frases al pasar: “semántica – mente incorrecta, se sienta, se fuma, se esconde, revienta, mecánica – mente.” Me detuve unos momentos a contemplar la frase. El sentido se arremolinaba como el aroma a canela que engatusaba toda la habitación. Trepaba por las plantas, tironeaba hacia arriba y hacia abajo, como queriendo apoderarse del aire y asfixiarlo en un mordisco suave y corto. El teléfono me sacó de mis cavilaciones. Casi derramo la taza del susto. Hay instantes que perduran en su futilidad de residuo decoroso. Y de repente, sin aviso, cae el deshonroso tiempo dejándonos la garganta seca y la mirada atónita de falsas supersticiones y sensaciones vanas. Yo contengo lo poco que creo hasta que me pinchan sin remedio. Y vuelvo a participar en la escena en la que vivo.
Pude sostener sin asco la conferencia a través del teléfono. No podía entender el número que algunas personas se empecinan en mantener a tono y en salud. (si es posible en esta época). Mi mensaje no había tenido el efecto buscado. Por ello debí esmerarme en explicaciones que yo creía innecesarias, y hacer de mí un ser insensible y tosco, para que mi interlocutor permaneciera conforme con su mundo. Y separado del mío. Algunos se acostumbran a vivir entre paredes sólidas y bien cocinadas y no pueden ver el cielo o la vereda, como fenómenos naturales y esperables. Tampoco pueden permitir el extraño llamado invisible del deseo. El curso sagrado de la fe.
Un malhumorado vecino canturreaba obscenos dictámenes hacia una desprevenida y senil oyente desdentada. Un suave y casi imperceptible polvo salitroso caía desde el techo de mi cocina, maquillando la pulcritud inservible de los utensilios y obsequios para el estómago. Un descarado agujero se sumergía por la lámpara hasta penetrar en el sitio opuesto a mi departamento. Producto del amor entre cónyuges, supuse yo por no afirmar el ojo por debajo de la ceja. Los recientes inquilinos se levantaban en armas sólo de noche. Parecía estar dominados por un furor enmascarador de situaciones reales y convincentes. Lograban al menos sentirse vivos un momento del día. Dejar correr la savia roja entre labios partidos y doloridas piernas azules, y ventanas cubiertas de hollín y sal gruesa. Todo sacudido en reproches elegidos por la costumbre y el desodorante de ambiente. Sacudidos por la ira o el poder. Sometidos al espectáculo entretejido de fatalidad y curioso raciocinio de vidriera.
Colores sólidos se presumían del otro lado del agujero ceniciento. Detalles de un saber corrupto en olores paganos y carnes frígidas en su calvicie. Difusos contornos de amaneceres criminales en su origen reiterado. Raptoras cadenas.
Sólo escuché palabras sueltas arrancadas al almanaque de lo inconcluso. Y me dispuse a limpiar aquel derroche de humanidad disecada por el hábito. El truco es poder defender lo poco que queda de esas ruinas.
El marco de unas fotos que tenía sobre una repisa se había manchado sin remedio. Carcomido como estaba intenté soplar el pegajoso aire que atrapaba aquel recuerdo. Pero mis dedos se llenaron de una sustancia blanca y sucia que hacía de relieve sobre mis huellas digitales. Quise lavarme rápidamente pero el jabón se mezclaba, y no lograba imponerse al caótico pigmento. Caminé hacia la ventana de agudos cristales derretidos a buscar una toalla en los elegantes y pulcros cortinados. Ya resolvería después qué hacer, con esas manchas poco hospitalarias para cualquier auditorio oculto pero con tajos en los ojos.
Me ardía fuertemente el estómago. Un vaso de agua no logró apaciguar la marca de furia con la que se me sublevaba el cuerpo. Los vecinos dejaron de gruñir sus fracasos. La dueña de casa dejó que la sangre empezara a correr por sus pezones. Mientras me limaba las uñas escuchaba el golpeteo de la ducha sobre sus cuerpos santificados en esmaltadas culpas y crudas represiones. Lo más humano que tenemos es simular no serlo. La cólera del fuerte esconde la vulnerabilidad del límite preciso. Del miedo. O la soberbia. Deberíamos rendirle culto a lo pequeño. La hormiga no seduce pero pica. El espejo distorsiona y le creemos.
Alguien tocó a la puerta de afilados marcos somnolientos. Era mi vecino de arriba. Preocupado por un olor extraño que, según él, sacudía a todo el edificio. Simulé una sonrisa tranquila y despejada. Y le dije que “estaría atenta” a cualquier movimiento sospechoso. Al decir esta última palabra, respiré hondo y pausadamente. Debía afinar la garganta para futuros rencores. Quiso entrar a mi departamento pero percibió el rechazo en mis gestos desvergonzados. Suelo ahuyentar a la gente con arte y esmero prolijo. A veces logro que se persigan con sus propios miedos y no digan nada. Los más fuertes me injurian mientras se dejan lamer el miembro erecto.
Prendí las luces del dormitorio porque estaba todo bajo las sombras. Pero explotó la lamparita sin temor a salpicarme con sus inmundas chispas. Intenté reponerla pero no hizo falta.
Al volver sobre mis pasos, el fuego ya estaba rompiendo la estufa entre hojas de un libro abierto en tinta escrita por fanáticos amantes y malevos deseos.
martes, julio 18, 2006
Los ojos de mi amigo - Mónica Marchesky
“Poseído de espanto, emprendí finalmente la huida ante su impenetrable tiranía como ante una peste, y hasta el fin del mundo huí, huí siempre en vano”.
Edgar Allan Poe.
–Si muero primero– nos había dicho nuestro amigo a nosotros dos. –A vos– señalando al más viejo del trío, te tocarán mis orejas, y a vos –señalándome a mí– te tocarán mis ojos, para que pueda seguir por siempre junto a ustedes.
–Está bien, está bien– le increpamos –ya basta, no tomes más...
Pero nuestro amigo nos había hecho una doble broma, porque él sabía que iba a morir, nosotros no. Al cabo de unos meses falleció. Estuvimos en su entierro hasta que sólo nosotros dos quedamos en el silencio del cementerio. Entonces mi amigo, el más viejo, comenzó a escarbar como un enajenado la tierra que cedió sin resistencia a sus manos, dejando el féretro expuesto. Se tiró dentro del hoyo, abrió la tapa, sacó una afilada navaja y con decisión que yo no conocía, seccionó ambas orejas del cadáver, las colocó en una bolsa y me gritó desde el fondo.
–¡Ahora te toca a vos!
–¡No puedo!– le grité, cómo se te ocurre semejante disparate...
–Debes hacerlo– me decía mientras trepaba por la tierra– sino te perseguirá toda la vida, es el destino, él lo quiso así.
–¡No puedo! ¡No puedo!– volví a gritar retorciéndome entre mis instintos.
El más viejo salió del hueco con su bolsa de orejas y se perdió rápidamente en la oscuridad y siguió gritándome hasta que no lo oí más.
–¡Debes hacerlo, recuerda que te perseguirá toda la vida, es tu destino, no puedes huir, no puedes huir. Saqué fuerzas y bajé al foso a tratar de tapar el féretro, pero la tapa se atoró en una raíz, trepé hacia el exterior y comencé a tirar tierra, no podía dejar eso así, estaba muy mal.
Una niebla cubrió en un segundo toda sombra existente, sólo dejó al descubierto las telas de araña en las ramas más bajas de los pinos y las huellas de las babosas sobre las lápidas. En esa zona el terreno era escabroso y tuve que arrastrarme para pasar entre las ramas que asieron mi garganta como si una garra del destino quisiera atraparme para cumplir la voluntad de mi amigo. Caminé hacia la dirección de la salida y me pareció que una sombra que no era la mía me acompañaba. Logré alcanzar la puerta y me tiré hacia la calle. Decidí que caminaría, había ensuciado mis ropas y zapatos. Serpenteé entre las calles y me detuve a cada instante. La sensación de persecución era tan fuerte que no podía casi respirar. Al llegar al centro de la ciudad disminuyó y pude sortear el poco tránsito de la noche y llegar a mi casa. Al subir las escaleras, volvió a estar junto a mí el aliento de mi amigo en mi nuca. Me metí en la ducha, y luego de un rato salí reanimado, pero al levantar la sábana para acostarme, huellas de manos, sucias, barrosas se confundían con pisadas que se perdían en la puerta. Quedé paralizado al ver que desde la almohada me vigilaban “los ojos de mi amigo”.
Mónica Marchesky “Los mil y un insomnios”
Mayo de 2006.
lunes, julio 17, 2006
Mónica Marchesky desde el Castillo Pittamiglio // 2
Una sala hermosa, muy acogedora, rodeada de una exposición de cuadros. Nos pusieron una tarima y una mesa recubierta con una mortaja negra. Yo, para romper el encanto me fui vestida de blanco puro y unos toques marrones.
Unos momentos antes había caído sobre Montevideo una tormenta de rayos y centellas que era de meter miedo a cualquiera, pero en el momento de la lectura parecía que estábamos en el ojo de la tormenta. Motivo por el cual pudimos hacer la recorrida en una semi-oscuridad entre los patios, escaleras y puertas que no conducen a ninguna parte.
Cuando llegamos al lugar que bauticé como el "ascensor interdimensional", me entero que no solo a mi se me reflejó esa idea, sino que a casi todos los presentes. Pero sucedió algo que antes no había percibido, la guía que se llama Cristina me dice :"Vos que sos la que va a leer cuentos de misterio, ponete en el medio, y hablá en voz alta para que todos oigamos lo que decís". Debo confesarte que tuvieron que empujarme hacia el centro, mientras veía las caras de los asustados concurrentes que se clavaban en mi. Me sentí un ajusticiado de la Edad Media a la espera de su sentencia, entonces hablé y dije: Hola a todos, estamos en este lugar para escuchar cuentos de misterio... y sentí en mi interior la caja de resonancias que me hervía en el pecho. Lo cierto es que es un curioso efecto en donde las palabras resuenan en tu caja, además de salir, es como si volvieran a entrar, nunca se escapan del todo...¿nunca se escapan del todo?
Empezó la lectura con un ritmo brutal, les leí en principio "Monarcas" que es un cuento breve y te lo envío porque tiene algunos detalles de mariposas...¿recuerdas cuando vi una mariposa negra que seguía mi camino mientra leía el libro de Celia? bueno de ese momento salió Monarcas.
Todo fue normal hasta que le pedí a un compañero que nos sacara una foto, resulta que la máquina se trabó, decididamente se le habían terminado la carga de la batería (léase pilas alcalinas), igual hubo alguien que sacó unas fotos y se la voy a pedir para pasártelas, tal vez veamos en el fondo sobre el espejo una sombra sonriente...
A esa altura ya estaba contrariada, porque no dejan sacar fotos en ningún lado, solamente nos permitieron en ese lugar y se me traba la máquina que por otro lado es nueva.
Estábamos llegando al final de la lectura, en los dos últimos cuentos y empieza a sonar un celular, todos se miran, revisan los bolsillos y carteras, y caemos en la cuenta de que es mi celular que estaba sonando el cual se encontraba en una silla de la primera fila mientras yo leía y el cual en mi torpeza había olvidado apagar (eso creo).
El condenado estuvo sonando por los siguientes 20 minutos y yo sin poder hacer nada. Cuando al fin se tranquiliza termina la lectura, nos levantamos y saludamos. Lo curioso es que cuando voy a ver quien era que me llamaba tan insistentemente no tenía ni una llamada perdida, ni un mensaje de texto, nada...¿que hubiera pasado si hubiera atendido la llamada?...
Pittamiglio jugó a las escondidas conmigo esa noche.
PD: me quedé con la frase ¿nunca se escapan del todo? que por otro lado se me representó la teoría de los agujeros negros en donde la luz no se escapa sino que siempre queda prisionera... bueno te dejo porque me voy en la máquina del tiempo a hablar un poco con Einstein acerca de los agujeros y sugerirle un anexo a la teoría de la luz prisionera.
Mónica
jueves, julio 13, 2006
Relato de sueños encontrados en la casa de las sinestesias - mARiela arZadUN -
Bajó la escalera de la parte delantera de su casa, lastimó sus pensamientos al saberse incapaz de surgir con naipes entre las rodillas, abrió la heladera y masticó las astillas de un sabor amargo. Se sentó junto a su gato sobre la mesa, lamió las raíces que colgaban de sus hombros, recordó aquel nombre que quería olvidar. Qué complejidad! Qué complejidad! Visión de aforismo en su cabeza opacada por la temperatura de los días. Volvió a decir. Lo último que escuchamos antes de cerrar los ojos y volver a sonreir.
domingo, julio 09, 2006
Mónica Marchesky desde el Castillo Pittamiglio
Querido Juan Carlos,
para los estudiosos de las togas surrealistas,
reunidos en la mesa redonda del Rey de la alquimia:
Umberto Pittamiglio (Humberto Pittamiglio como se
renombró).
Hace unos días, el jueves para ser exacta, me
invitaron a ir a una visita guiada por el castillo
Pittamiglio y como no lo conocía fui, con una
expectativa natural. No sé si lo conoces, pero está
lleno de simbologías masónicas, rosacruces, templarias
y alquimistas, que es impresionante (en un momento
llegó a aturdirme tanto símbolo, pero he aquí lo que
me sucedió).
Hay una sala que está enteramente cubierta, de pisos
hasta paredes y techos por madera, pero muy labrada
con símbolos de toda clase, desde el infinito, hasta
gárgolas bicéfalas; bueno, al entrar sentí como una
leve inclinación, como si se moviera la tierra a mis
pies, fue muy leve, pero esa sensación siguió hasta
que salí de la sala y pasé a otra en donde los techos
están cubiertos de madera en ángulos geométricos y
espejos en el techo. Lo que sentí en esa salita fue
como si estuviera dentro de un útero sofocante, me
pareció que era como un pasaje hacia otra cosa, esa
otra cosa no sé cómo llamarla...
Luego visitamos los patios y cuando llegamos al que
está frente a la rambla en la cima y saliendo hacia el
mar hay un mascarón de proa con la Victoria de
Samotracia, y entendí entonces mi bamboleo de barco
que se hace a la mar.
Ya con esas dos experiencia lo que quería era irme,
pero el ser humano es masoquista y le gusta sufrir así
que subí hasta una especie de mirador semicircular en
donde hay en el piso un círculo dentro de un cuadrado
y la señora que guiaba al contingente de impresionados
e indecisos me dijo: parate en el medio y mirá para
arriba, la sorpresa fue que en el techo se repite el
cuadrado... y el círculo es un enorme agujero que mira
al cielo. Otra vez sentí un pasaje hacia esa otra cosa
como si fuera un gran ascensor... hacia?....
Bueno al salir ya no me esperaba nada más que guardar
mis experiencias (muy su-realistas) e irme a casa,
pero... la amable señora me dice: "... porque acá se
pueden hacer cosas muy interesantes". Y bueno, le
comenté que escribía y una palabra lleva a otra y
terminó diciéndome si quería ir a leer cuentos una
noche, y le respondí: ¡pero lo mío es de misterios!
Abrió su agenda y me dijo: "Tengo libre el jueves 13
de Julio". Y ya no me pude negar, estaba en una
telaraña, ese 13 era la trampa que me puso Pittamiglio
para que regresara.
Te envío la invitación para esa noche de misterios, no
me animo a estar sola, hay algo que me oprime el pecho
estando en ese lugar y aún no se qué es. Así que
invité a un escritor para leer cuentos de misterios
esa noche de jueves 13, mientras Pittamiglio se
regodea desde lo alto con su capa negro-carmín a la
espera de nuestras historias de espanto.
PD: La historia de la herencia de Pittamiglio es bien
interesante: le dejó todo a unos criados y éstos al
morir debían dejarlo a la Intendencia Municipal con
una cláusula muy singular, que sería devuelta a sus
manos cuando él regresara...
Un gran abrazo entre capa y espada
Mónica
viernes, junio 23, 2006
Casa de las Sinestesias / Synesthesia's House
A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu: voyelles,
Je dirai quelque jour vos naissances latentes
(Arthur Rimbaud -Voyelles-)
Building a house just from a piece of sound:
We want to create the plans for a possible surrealist house. Never mind how or where. As the first step, we are thinking about the possible nature of that future construction. For now we only have this recording. It is a sound that we have recorded with the serious intention of imagining the first plans. We think that a sound like that must be in a vital relation with the main activity of the hypothetical house. On this are founded all our speculations. We are trying to make one more surrealist map to continue reconfiguring our ambiance, to recreate the place of our action. You are welcome to send images (photos, drawings, paintings, etc), written descriptions (of your future room in the house, for example), dangerous poems, pertinent sounds, pieces of maps, conversations between imaginary characters living there, and all necessary stuff. Maybe it is strange to create a place just from a piece of sound… But the time that we use to imagine something new, or something different, is the most uncomfortable time for the Reality-Police.
We know that these kinds of games are different ways for a praxis of poetry. For that reason we can see a house in a couple of words, or we can listen the noise of a desire revolution from a drawing found in a hidden pocket of the street.
Key words:
Utopia, surrealist city, imaginary topography, subjective maps, collective construction.
-á-
Construir una casa a partir de un fragmento sonoro:
Queremos crear los planos para una posible casa surrealista. Sin importar cómo o dónde. Como primer paso, estamos pensando en la posible naturaleza de esta futura construcción. Hasta el momento sólo contamos con esta grabación. Es un sonido que hemos grabado con la seria intención de imaginar los primeros planos. Creemos que un sonido como este tiene que establecer una relación vital con la principal actividad de la hipotética casa. En esto se basan nuestras especulaciones. Estamos tratando de diseñar un mapa más para continuar con la tarea de reconfigurar nuestro ambiente, recrear el lugar de nuestra acción. Los invitamos a que nos envíen imágenes (fotos, dibujos, pinturas, etc.), descripciones escritas (de un futuro cuarto de la casa, por ejemplo), peligrosos poemas, impertinentes sonidos, partes de mapas, conversaciones entre imaginarios habitantes, en fin, todo aquello que fuera necesario. Tal vez parezca extraño construir una casa a partir de un fragmento sonoro… Pero el tiempo que nosotros empleamos en imaginar algo nuevo, algo diferente, es tiempo que incomoda a la Policía de la Realidad.
Nosotros sabemos que este tipo de juegos son una manera de poner de manifiesto la práctica de la poesía. Por esta razón, podemos ver una casa en una pareja de palabras, o podemos escuchar el ruido de la revolución del deseo en un dibujo encontrado en un escondido bolsillo de la calle.
Palabras claves: Utopía, ciudad surrealista, topografía imaginaria, mapa subjetivo, construcción colectiva.
descargar sonido /download sound
/// Game proposed by the Surrealist Group of Río de la Plata for the London International Festival of Surrealism
lunes, junio 12, 2006
La imaginación se opone al determinismo mecanicista - Mariela Arzadun
jueves, mayo 25, 2006
Colectivo: Señales inconfundibles de miserabilismo en el Grupo Derrame de Santiago de Chile
“Latinoamérica plantea en la actualidad un Surrealismo del ceremonial, chamanístico, más cerca de la magia y la poesía que del ‘materialismo’. Podríamos decir, ha elegido un camino espiritual, poético, cósmico, como los antiguos mayas, aztecas, incas, kawesqar, selknam... Nosotros les hacemos la siguiente pregunta: ¿Creen que el Surrealismo Europeo es diferente al Surrealismo Latinoamericano, o viceversa?” (1)
Nos parece sorprendente esta apelación a las culturas originarias de América (se citan sólo las que hace tiempo desaparecieron), sin que se haga la más mínima mención respecto de las condiciones de vida miserables a las que en Chile –en este mismo momento– son sometidas poblaciones enteras, autóctonas, reales (no las de los polichinelas que llevan trajes de Armani, en “Danza con lobos”). Sin ir más lejos, podrían decir que el gobierno socialista de Lagos continúa aplicando las leyes antiterroristas de Pinochet contra el pueblo mapuche (2) mientras, al mismo tiempo, les abre las puertas de la Universidad a unos “nenes de papá”. ¡Pero, por lo que se ve, resulta mucho más “poético” cuando se adopta una entonación voluntariamente espacial y “cosmogónica” (que es claramente propia de los tiempos del mito), antes que dedicarse a planear sobre las marismas de la “sección policial”! Sin dejar de advertir la perfecta simetría que se presenta entre la filosofía “new age” y los delirios igualmente “cósmicos” de Pablo Neruda, es hora de revisar, en este breve espacio, lo que representa la concepción del Mito para la clase dirigente chilena.
No necesitamos sino analizar los contenidos de ciertos “lemas fundacionales”, inspirados por esta misma clase dirigente –tales como los de: POR LA RAZÓN O POR LA FUERZA, inscripto en el escudo de armas del país hermano, o aquél otro de los tiempos más aciagos de la dictadura, que reza: QUIEN NADA HACE NADA TEME–; ya que se trata, a lo largo de toda la historia de Chile, de unas periódicas “llamadas al orden” que emanan de unas cuantas familias de yoritomos (3), o sea de voces imperativas con un fuerte acatamiento universal, y éstas implican un proyecto que ciertamente es incompatible con la vida.
“…En Chile percibo una subordinación de las clases populares a la cultura de la clase dominante. En otras palabras hay un gran poder simbólico de la clase dominante sobre la clase dominada. Una mentalidad de fundo. Provengo de una familia chilena, por eso lo sé muy bien” (Christian Ferrer, en revista Cafealaturca, nº 6, Montevideo, Uruguay, 1999).
Desde luego que no se trata de ignorar las luchas democráticas emprendidas en el pasado, o durante el régimen dictatorial, ni estamos afirmando que en el actual período de gobiernos de Concertación –a todas luces garantistas, “humanizadores” y muy eficientes en la administración del modelo recibido, que desde ahora ya es el suyo–, sectores radicales, progresistas y antineoliberales brillen por su ausencia. Pero sí podemos constatar que todo ello se inscribe en el contexto de una fuerte tradición autoritaria –e inclusive, autoritaria con una intensa vocación imperial.
Pero –volviendo al pantanal que antes habíamos dejado–, lo que puede resultar un tanto extraño (y eso, a través de un primer vistazo superficial, lo confesamos), es que tal mikado andino haya sido capaz de mostrarse tan generoso, comprensivo y cooperante, a la hora de tener que ofrecer toda suerte de facilidades y apoyo institucional. ¿Se trataba de crear una nueva promoción de clase ejecutiva o de administración de empresas? No: para que una camarilla de jóvenes estudiantes pudiese realizar su sueño de fundar un grupo surrealista.
¡Sin duda este es un mundo de oportunidades! Fue así como, con la seguridad de un zombie (y un precoz sentido de la ocasión, que hace al ladrón, del que tendrán que hacerse cargo tarde o temprano, y más temprano que tarde), fue lanzado a la escena el colectivo chileno Derrame.
Hubieran firmado un pacto con Mefistófeles y no les hubiese ido mejor, ya que inmediatamente lo tuvieron todo: una revista de lujo, ágapes y presentaciones en salones alfombrados, viajes a las grandes metrópolis del orbe –integrando comitivas artísticas “australes”–, tal como un noble y gracioso gesto de reconocimiento por parte de las autoridades de la comunidad académica-científica (agradecida, sin duda, por su inestimable contribución al espectáculo), el Museo y la Universidad. ¿No ha sido éste, en millones de ocasiones, el sueño de tantos adolescentes latinoamericanos, desde Barranquilla hasta Punta Arenas, sueño que se ahoga en el alcohol la mayoría de las veces, o que se estrella frente a la vidriera de un escaparate en el que se exhiben esplendorosas zapatillas deportivas?
Un día, a raíz de una tímida y torpe polémica antinerudiana –que venía de ensayar sin éxito–, el grupo Derrame se trenzó en un agria disputa con un muy oscuro periodista colombiano. Pero, su propio Padrino, el profesor Federico Schopf (¿cómo llamarlo de otra manera, cuando es el que siempre ha tomado la palabra cada vez que han sido presentados en sociedad?), nunca tuvo inconvenientes en ensalzarlo públicamente. Es más: ha dedicado toda su vida a la glorificación de Neruda. Mezcla de Padre Ubú protector de las artes y Doktor Caligari en pleno trance de histeria de conversión con teatralidad (pero, agitando nerviosamente en una mano la libreta del Partido), este académico, sin duda, como viva reliquia del stalinismo que es, representa un caso interesantísimo para el estudio de los mitos latinoamericanos. Asistió al bicentenario de Schiller y al bimilenario de Virgilio. Por supuesto, no se podía perder de agregar a su colección los cien años de Neruda, circunstancia que aprovechó a las mil maravillas para presentar sus largos ditirambos que versan sobre las siguientes materias: 1º) Por qué es mentira que Neruda vivía como un burgués en su propiedad de la Isla Negra (haciendo caso omiso de lo que para las inmobiliarias del lugar cuesta allí el metro cuadrado, y que todos sus vecinos eran obispos y coroneles): pues bien, nos dice Federico Schopf que es porque Neruda era un poeta y, por lo tanto, resultaba muy natural que quisiese tener una casita frente al mar; 2º) que el castillo que Neruda había comprado en las costas de Normandía no era tal, sino una vieja caballeriza convenientemente reacondicionada, en la que antiguamente habían vivido, no los ricos, sino los “servidores del señor feudal” (he aquí un claro ejemplo de solidaridad y conciencia de clase, que no habla sino de su gran amor por los oprimidos); 3º) que Neruda es comparable a Virgilio (no explica por qué); y 4º) que el silencio de sus últimos años, tras la débâcle del régimen soviético, se debe interpretar como que, contrariamente a lo que esperaba del “desarrollo objetivo de las leyes de la historia”, no había llegado a ver el ascenso del socialismo, sino la caída del “socialismo real” (4).
Pero el Prof. Schopf, debe darse por seguro que se moriría de hambre con la venta de sus libros sobre Neruda, de no ser por el recurso –al que apela generosamente– de presentarse como juez en cuanto concurso literario se digne a recibirle (algunos de ellos fraudulentos y, si ha de creerse en las denuncias, “arreglados previamente”) (5). Entre otras de sus innumerables proezas –mientras se aguarda con impaciencia la llegada del primer bimilenario de Corín Tellado–, otorgó en el Aula Magna de la Universidad de Talca una gratificación en 15.000 dólares, a la siempre “prestigiosa” y reverdecida Isabel Allende (6).
Todas estas evidencias –que bastarían para demostrar la catadura moral de los sujetos implicados– suenan como “agua de borrasca” para los integrantes de Derrame. Esta gente únicamente tiene ojos para apreciar los “títulos académicos”, la autoridad y el relumbrón de los personajes:
“Sepa que pertenezco al único grupo surrealista activo en Chile, con cinco revistas publicadas, la última de las cuales fue lanzada en enero pasado en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago y presentada por el Director de este centro, Francisco Brugnoli, quien es además Vicedecano de la facultad de Artes de la Universidad de Chile. Él, junto a Federico Schopf –crítico y poeta– alabó el intento de estos jóvenes por mantener este fuego poético y plástico…” (7).
¡Las “alabanzas” que prodiga Federico Schopf, ya las conocemos muy bien! Veamos ahora con qué alta consideración Francisco Brugnoli defiende el “fuego poético y plástico”:
“¿Cuál es el principal aporte que brinda este museo a nuestra cultura?
“Primero, este es un museo universitario. En la universidad lo principal es cómo se trabaja con el conocimiento, que es la tarea principal. El museo debe estar preguntándose constantemente sobre tendencias artísticas y lo que sucede con ellas. Cada exposición constituye una pregunta en sí y la manera cómo la procesamos, ya sea por medio de las conferencias, en foros y las actividades de contexto. Estamos creando una especie de sitio de pensamiento a propósito de las actividades que aquí se desarrollan.”
“¿Qué tipo de público los visita comúnmente?
“Son principalmente estudiantes universitarios, profesionales y empresarios jóvenes. Eso nos satisface, porque esta es la generación de opinión que va a ser la clase dirigente futura, lo que nos hace pensar que estamos trabajando bien, pensando en un posible futuro de país” (8)
Aquí es donde la “cojera del perro”, y los periódicos ensayos de “simulación de la locura” de Pinochet, dejan de ser percibidos como un capricho anecdótico, o simplemente aislado.
¡Pues claro que sí, se trata de un país fantástico!, donde el “socialismo” de Lagos resulta perfectamente simétrico al “surrealismo” de Derrame –y donde ambos pueden aspirar, con iguales derechos, a un mismo status de “autenticidad”. País del “falso espejo”, donde pueden ser logrados, finalmente, todos los travestismos posibles encaminados a desnaturalizar el propio sentido del lenguaje. ¡Qué extraño país sería –si fuese verdad– aquél en el que el surrealismo se ofreciera para ilustrar y divertir a una “futura clase dirigente”!
Los miembros del colectivo Derrame, pueden berrear todo lo que quieran con sus declaraciones altisonantes y falsamente exaltadas, pero desde ya su situación en Chile no es la de unos revoltés. Están allí, no para desafiar el orden establecido, sino para servirlo.
¿Pero es Derrame verdaderamente un grupo?
En su esfuerzo por demostrar cierta apariencia de cohesión, y en su incesante y desesperada búsqueda por obtener patentes de legitimidad (cuestión de vida o muerte, punto crucial donde se juega la posibilidad de perdurar, o donde todo se pierde), los socios de Derrame no han vacilado en perseguir toda clase de alianzas, adhesiones y “amistades”. Por su natural inclinación hacia lo “renombrado”, no les ha costado trabajo conseguir –y han debido revolver en viejas bauleras–, algunos rezagos de celebridades que se encontraban ya en franco estado de declinación, “fuera de stock” o en la particularidad de “liquidación por fin de temporada”. Nos ha resultado imposible llegar a averiguar si es que les han atrapado prometiéndoles acceder a una segunda juventud, o si es que sencillamente se encontraban disponibles en ese momento y no tenían otra cosa que hacer.
Distinto ha sido el caso de otros más jóvenes –pero trasegados igual que ellos por el mismo jarabe turbulento de la ambición–, que, distribuídos aquí y allá en distintas ciudades de América del Sur y Centroamérica, han adoptado la misma “marca de fábrica” e iguales ojos sampaku que sus pares santiaguinos.
Debemos decir que ante el menor cuestionamiento o aclaración sobre Derrame que llegamos a plantearles, en varias ocasiones ellos mismos se retractaron o declararon mantenerse en una postura independiente –siendo que hasta ese momento parecían conformar con ellos un bloque sumamente compacto y homogéneo. En otros casos, sólo obtuvimos respuestas que revelaban un estado de perplejidad y desconcierto propio de autistas, es decir de unos individuos para quienes resultaba fatigoso, y hasta penoso, el hecho mismo de tener que explicarse desde ciertas zonas grises de sus propios cerebros, y, sobre todo, ante la improbabilidad de encontrar allí una justificación o argumentación mínimamente presentable.
Y esto ocurre sin dudas por cuanto no les unen otras razones que la oportunidad para publicar, hacerse visibles, no importa la manera, ni dónde, ni ante quién (9), con tal de trascender o poder así, algún día, llegar a ser famosos… Pero nada en ellos revela una voluntad de grupo o, más generalmente, un deseo de integración de lo subjetivo en lo colectivo; o inversamente, una curiosidad por interpretar, en el ser colectivo, sus “movimientos de afectividad profunda” (10). Tampoco suponen que pueda venir una transformación desde lo social, porque lo esperan todo de las dádivas del Estado o de lo que les pueda ofrecer la actividad empresarial (11). Después de todo, son ellos los dueños del pan y la sal, los dueños de la riqueza, ¿no es verdad? Y es justamente esta misma riqueza la que organiza los lazos del interés y excluye los lazos basados en el afecto, en la verdadera amistad, en el altruísmo hacia los demás. Así pues, se trata de una suma de “individualidades” donde el único acento de afectividad se deposita ordinariamente en el amor propio, o, para decirlo más exactamente, en esta falta de amor propio y de respeto por uno mismo, de cuya expresión altiva resulta su hierática máscara.
El lector debe tomar nota del hecho que –bien que se trata de un asunto en el que la consideración del surrealismo se halla fuertemente implicada y comprometida–, en ningún momento hemos hablado de cuestiones estéticas. Esto se debe, en primer lugar, a que nos parecería irrisorio tratar de demostrar fuera lo que fuere en función de tales supuestos, si antes no llega a comprenderse que –el surrealismo– sólo comienza a existir allí donde existen principios éticos.
En ausencia de unas mínimas reglas de conducta (ya que no se puede pedir mucho más), sólo les queda a quienes hacen profesión de “artistas”, aferrarse con dedicación a sus herramientas. ¿Pero hace falta que aclaremos que muy poco nos importan esos productos surgidos de la habilidad artesanal, bajo la forma de copiosas producciones de “collage”, y que, igualmente, nos importan un pito todas las destrezas que puedan exhibir en las “galerías de arte”?
Frente al abismo de miseria moral e intelectual, –tan desmedidamente “derramado”–, ¡NI UNA FÁBRICA MÁS para que ellos exploten sus banales mercancías!
GRUPO SURREALISTA DEL RÍO DE LA PLATA
Buenos Aires/Montevideo, enero de 2006.
Mariela ARZADUN, Celia GOURINSKI, Mónica MARCHESKY, Juan Carlos OTAÑO, Leandro RAMÍREZ, Ñancu RUPAY
Publicado en la colección «El Anti-miserabilista». Textos y manifiestos del Grupo Surrealista del Río de la Plata/1. Aloysius. Buenos Aires 2006
(2) “Desde principios de 2002, siete mapuches y una activista pro mapuche han sido acusados y condenados conforme a una versión modificada de la ley antiterrorista implantada por el gobierno militar del general Augusto Pinochet. Todos ellos están cumpliendo condenas de hasta diez años de prisión por incendio o amenazas de incendio –delitos tipificados en la ley antiterrorista– cometidos contra propiedades de propietarios de fundos y empresas forestales. En la actualidad hay 16 personas, entre ellas cinco de los ya condenados, a la espera de finalización de otro juicio por asociación ilícita terrorista. Para cualquier líder de la presunta asociación, el delito acarrea una pena mínima de 15 años de cárcel. Esto significa que, si vuelven a ser condenados, algunos de los acusados podrían pasar hasta 25 años en prisión. Muchos otros activistas y sospechosos mapuches, además, han permanecido en detención preventiva por largos períodos, algunos por más de un año, antes de que se dejaran sin efecto los cargos” (informe de la Human Rights Watch).
(3) YORITOMO. Figura cuasi-legendaria que en el japón feudal del s.XII obtuvo, por primera vez y para sí, la dignidad imperial de shogún (generalísimo), haciéndola hereditaria y extensible a todos los miembros de su familia.
(4) Aquí hay una grosera inexactitud histórica. Pero, ¿a quién le puede importar?
(5) Puede leerse, a este respecto, Concurso literario del Consejo Nacional del Libro y la Lectura: Un fallo para sospechar, de Alejandro Lavquén, en
http://lavquen.tripod.cl/premioconsejolibro2003.htm
(6) ¿Será por este último acto de osadía, que el 21 de julio del 2004, Schopf recibe la “Medalla Neruda”, condecoración instituida por el Estado chileno, junto con otras “36 figuras del mundo de las letras, las artes y la música”?
(7) Así se expresa, con toda naturalidad, Emilio Padilla, uno de los adláteres del colectivo.
(8) Francisco Brugnoli: “La misión es crear escuelas de arte”, en
http://www.dirigible.cl/2001/02/11/pag04.htm
(9) Por ejemplo Aldo Alcota, fundador de Derrame, que no duda en llevar una Exposición Homenaje a Enrique Gómez-Correa al Instituto Paul Getty de California. O Enrique de Santiago, quien no ve contradicción alguna en el hecho de exponer en el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura (entidad privada que cuenta habitualmente con el apoyo de la Universidad Católica, el Rotary Club y el Consulado de EE.UU.).
(10) Vratislav Effenberger, El deseo obrando en la historia.
(11) (Rodrigo Verdugo, de Derrame): “Cuando Santiago Centro renovó su administración, se hizo un cásting de los shows callejeros para evaluarlos y designar los permisos y lugares para actuar. La mejor nota significaba estar frente al Banco de Chile y nosotros lo conseguimos”.
viernes, mayo 12, 2006
El marqués de Sade /// Zoloé y sus dos acólitas
[pepitas de calabaza ed.] · Logroño, mayo de 2006 ·
17x12 cm. · 256 pág. · 12 e. ·
Volumen compartido · http://www.pepitas.net/ · ISBN:
84-96044-65-3
El marqués de Sade · Guillaume Apollinaire
Traducción de Enrique Alda y Federico Corriente
Prólogo de Julio Monteverde
«El marqués de Sade es el espíritu más libre que haya existido hasta la fecha».
Con estas sencillas -pero contundentes- palabras define Guillaume Apollinaire al divino marqués en este sucinto estudio bio-bibliográfico que sirvió en 1909 de introducción a la edición, por parte de la Comedia Francesa, de algunas obras de Sade.
Sin la pretensión de ser meticuloso en exceso ni con la vida, ni con la obra del marqués -los estudios más rigurosos llegaron a posteriori- el texto que aquí presentamos goza de todo el encanto y todo el mérito de ser «la obra» que redimensionó a Sade y su inconmensurable «creación», desplazada entonces, por todo el abanico de los guardianes de la moral pública, al insondable ostracismo de la
locura, y más recientemente a la pringosa «suciedad» de la pornografía.
Wilhelm Albert Wladimir Alexandre Apollinaire de Kostrowitzki nació en Roma el 26 de agosto de 1880, y murió en París el 9 de noviembre de 1918. Fue, entre muchas otras cosas, uno de los poetas sobresalientes del siglo XX, un hábil constructor de relatos eróticos y uno de los impulsores del surrealismo.
Zoloé y sus dos acólitas o Unas semanas en la vida de tres bellas mujeres -
[Atribuido al] Marqués de Sade
Traducción de Javier Rodríguez
Prólogo de Juan Carlos Otaño
[...]-Ésta es, responde Zoloé mostrando un delgado volumen, ésta es la serpiente que me ha emponzoñado. ¡Maldito sea el vil delator que ha osado revelar a ojos de un vulgar profano los secretos misterios de nuestra alianza! [...]
-¿Será posible, Zoloé? ¡Cómo! ¡Esta creación efímera de un autor desharrapado es lo que ha alterado la tranquila circulación de tu sangre! La verdad, me darías pena si no me entraran ganas de reír. ¡Ja! No hagamos caso de las habladurías bobas de los virtuosos, los sarcasmos de los devotos, las sátiras de los envidiosos y las pequeñas traiciones de las mariposillas; volemos de un placer a otro, sin detenernos jamás. [...]
Se dan cita en este libelo, de corte libertino, los ambientes de las semanas previas a la unión entre
Napoleón y Josefina, se bosquejan los comportamientos privados de la Corte, sus entretenimientos e intrigas, y se perfila el escenario del marital reencuentro entre la Iglesia y el Estado moderno, en pleno auge de la agitación
popular anti-bonapartista.
Dado a la imprenta en 1800 de manera anónima, pero atribuido desde muy temprano al divino marqués, ésta es la primera vez que se traduce y publica en castellano.
lunes, mayo 08, 2006
elle ella él - Mariela Arzadun
el amor con su ráfaga de vidrio esmerilado
sacude sus hombros sobre las algas de la muerte
respira las marcas en el agua con el hambre de siglos suspendido entre sus rasgos
se ha quedado adherida a las cortezas de los hombres silenciosos
ariscos a su verborragia que no abre los adjetivos
se suelta el pelo desarmando el vuelo de los pájaros en cada movimiento de arco
mientras los tigres desde su pozo de musgo de tierra de aire
llevan en sus ojos la vertiente por donde se ondula
la diversidad del mundo
una flor mordida misteriosa que pertenece a las sombras de la luna
aparece entre sus manos
el hombre de los oidos intensos arrancados del fuego y de la sal resplandeciente
sonríe amanecido entre los cafetales del camino
el extravío de un águila es su memoria peregrina
se afirma en el círculo dibujado en los pétalos de los pechos femeninos
él pregunta por su nombre
ella le pregunta por su risa
de sus labios crujen estampas de países extranjeros
en la elipsis de la vida los sueños sólo contestan
de allí arrojan sus dientes los callados
la ceremonia de dormir erosionado en las tormentas
hundidos en la oscuridad temen estirarse
el sabor de la lluvia en sus metáforas de arena corre por sus cuerpos
tienen las piernas en el lago
y ya es hora de despertarse
quién dejará de rasgar los ojos sobre las líneas del amanecer
quién retornará de la porción de hojas sepultadas en el relato de las rapaces
ceremonia armoniosa de los elefantes enlazados en sus mantos
trampas
ella sabe diluir su cabellera en las montañas
junto a los tesoros de su desaparición que resalta en sus raíces de música alquitranada
y justificar la vez que caer es estar junto a la rabia de los antepasados
el trance de una imagen en la que salpica el óxido la miel del agua
viernes, mayo 05, 2006
Palpitante inactualidad de la mujer avispa - Juan Carlos Otaño
Una moda intelectual reciente se ha obstinado en arrojar, sobre el llamado «género de terror», la incriminación tan injusta como infecunda según la cual éste sería la expresión y el vehículo de «inquietudes ideológicamente reaccionarias».
Es así que recientemente se han podido leer artículos en los medios orientados en esta linea de interpretación y hasta un conocido pisaverde del ambiente de los cine-clubes llegó a declarar que los films reaccionarios lo «divierten».
Hasta qué punto se demuestra que no existe nada más decrépito que la «última moda», que los hitchcocko-hawksianos-neo jansenistas no han advertido la escasa originalidad de su «descubrimiento»: Ya en el siglo XVIII se esperó encontrar, en el espectro que asolaba desde las páginas de la novela gótica, una especie de nostálgico retorno de los oscuros poderes del pasado feudal; luego, Kracauer, no titubeó en asimilar los monstruos del expresionismo cinematográfico con los del partido nacional-socialista; hasta llegar al film americano de terror y de ciencia-ficción de los años '50: las criaturas maliciosas y horripilantes –lejanamente homínidos– llegadas a la Tierra para destruirla, habrían de ser la transposición del peligro de los soviets, abatiéndose sobre el mundo de la «libre» empresa y sobre la familia de Occidente.
En el período actual se ha pasado, del reduccionismo sumario, a una solución todavía más práctica y funcional: El espíritu flou elige directamente no indagar en las razones de su sufrimiento, todo sentimiento o emoción intensos serían proscritos como potencialmente amenazantes.
Y al fin de cuentas, en nuestros días el fantasma de la Ópera encontraría un remedio para sus humillaciones en el lifting providencial o probaría con dejar de fumar; los aristocráticos vampiros, promiscuos y excesivos, buscarían las vías para una sexualidad «limpia» y «seca»; los crímenes de la Rue Morgue serían cubiertos por los canales de televisión y la horrible bestia que los perpetró, filmada «in fraganti» por un videasta amateur, sería finalmente sobreseída en nuestros tribunales por falta de méritos.
Tal «estado de las cosas», sólo puede producir en nuestro país mariconadas como aquel mimo-pierrot-vampiro aparecido en una reciente comedia musical «espectacular»; o, internacionalmente, las tonterías de Warhol o de Coppola, a propósito de unos mitos que los exceden en toda la linea –y frente a los que no pueden evitar comportarse como unos verdaderos «Peter sin sombra». Caricaturas y parodias y variados «ejercicios estilísticos» que harían ruborizar al más desparejo de los pompiers pueblan los cielos de Occidente con espesos nubarrones de tormenta, mientras el kicht despliega en abanico su inmensa cola de pavo real.
Nada nos dice la crónica de los tiempos actuales, sobre las razones que pudieron tener los movimientos culturales que realmente modificaron las razones de pensar y de sentir: el romanticismo, el expresionismo, el surrealismo; los cuales acordaron a la ficción de terror una importancia que holgadamente supera el terreno de las curiosidades formales o de una mera cláusula de estilo. Fue sin dudas el propio marqués de Sade, desde sus prisiones, el primero en advertir la partida de nacimiento del romanticismo, no sólo por las novelas filosóficas de Rousseau, a las que trataba sistemáticamente de «corregir»; sino porque, en el «roman terrifiant» contemporáneo, Sade percibió «el fruto indispensable de las conmociones revolucionarias de las que se resentía Europa entera». La novela gótica, fermento inicial del romanticismo –pero también el más oscuro romanticismo, el romanticismo más liberado de escorias y «decoraciones»–, habría llegado como un rayo atravesando desde las regiones del sueño y el sonambulismo terroríficos, para irrumpir a plena luz del día en los sótanos de La Bastilla.
En la génesis de este poderoso excitante intelectual intervienen, en concurrencia con las circunstancias de la Historia, los preciosos particularismos, los accidentes individuales.
Recuerdo de mi infancia a unos minúsculos moluscos fósiles, grabados con nitidez sobre lajas de piedra calcárea, en un jardín que recorría a la hora de la siesta. Se me dirá que eran solamente unos pequeños nautilus dibujados sobre la superficie de un sendero irregular. Pero, ¿cómo habían llegado hasta allí esas siluetas fantasmáticas que producían el asombro, la fascinación? Y observándolas, yo era libre de imaginar historias. De manera que toda forma viviente podía ser fijada en estatuaria: ¿Por qué el camino inverso no iba a ser recorrido de la misma forma? Por aquellos días, explorando un terreno baldío, descubrí con unos amiguitos, en el fondo de un pozo cubierto por la maleza, un busto de granito que representaba una mujer de rostro aplanado: sobre su frente lucía una pincelada, muy enigmática, de color rojo –que enseguida interpretamos como sanguinolenta. Huimos espantados. Durante la semana ese rostro, que había cobrado vida, dio pie a conjeturas muy tenebrosas: una madre, bajo la lluvia torrencial, habría arrojado su bebé en el pozo, etc.
Por supuesto, no es relevante entablar una correspondencia con aquello que nos produce miedo. El miedo por sí mismo no es el fin, no podría ser –en la ficción de terror– sino la corriente conductora que nos conecta, vertiginosamente, con lo maravilloso. Sólo lo maravilloso, percibido ahora con los mismos ojos de la realidad, embellece la existencia y devuelve a la vida real los colores reales de las cosas reales.
miércoles, mayo 03, 2006
La tesis - Mónica Marchesky
LA TESIS
Soy estudiante de Antropología y debía realizar una Tesis acerca de las haniwa tan emblemáticas y con un contenido existencialista y mortuorio. Siempre me atrajeron los temas oscuros, pero éste era un verdadero desafío. Recurrí a libros y bibliotecas que solo mencionaban vagamente a las tan huidizas esculturas de arcilla. Me encontraba en una situación desesperada y sin solución aparente. La Cultura Japonesa estaba tan lejos de este Montevideo que se presentaba gris y lluvioso, que mi desánimo iba en aumento.Deambulé por las calles buscando unos ojos rasgados, una fisonomía que los delatara, me pregunté sin respuestas ¿Por qué acá en Uruguay no hay un barrio Japonés como en casi todas las partes del mundo?…
Recordé que en una de las calles principales de la Capital se encontraba una casa donde vendían productos japoneses y hacia allá dirigí mis pasos.
Al entrar, se respiraba un aire distinto, una música suave y acariciadora dominaba el ambiente, coronada por inciensos y toda clase de elementos decorativos, pensé que había llegado a una pequeña porción del territorio japonés y me alegré... pero mi desilusión fue mayúscula, cuando del otro lado del mostrador me atiende una chica caucásica, sin un atisbo de sangre japonesa en sus venas. Mi cara fue lo suficientemente delatora como para que la muchacha se diera cuenta de mi preocupación. Me comentó que el verdadero dueño del negocio casi no salía de su residencia.
Al preguntarle por si tenía algún material que pudiera estudiar de las haniwa no supo que contestarme, pero desde el interior de la tienda se oyó que la llamaban y se disculpó por un momento. Pensé que detrás de esa gruesa cortina se hallaba mi respuesta y esperé. Volvió sonriente con unos objetos en sus manos. Doboko me decía mientras me mostraba unas armas de cobre. Dotaku repetía al hacer sonar unas hermosas campanas de bronce, finalmente puso en mis manos dos figuritas de arcilla diciéndome Dogu, tratando de convencerme que era eso lo que buscaba, pero yo estaba segura de que dogu no era haniwa y se lo comuniqué. Un movimiento brusco se sintió detrás de la cortina y supe que tenía que retirarme. Al salir nuevamente a la calle ya no llovía, pero una humedad pegajosa dominaba todo el ambiente. Quedé parada en la acera sin saber que hacer, de pronto una voz en mi cuello me dice haniwa, haniwa. Reconozco que soy muy impresionable, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Miré instintivamente y vi a un anciano japonés que se ocultaba detrás de una gabardina y un sombrero, supe que era el que estaba en la tienda, sus ojos me interrogaron, hurgaron en mi interior, buscando el límite que me hiciera ceder en el motivo de mi investigación, pero me mantuve firme, debía encontrar una historia que avalara mi tesis. Sus manos aferraron mi brazo de modo intimidatorio y al no lograr su objetivo me dijo que lo siguiera a distancia. Tomó un ómnibus con destino a los suburbios de la ciudad, yo me senté detrás de él, sin hablarle. Recorrimos una media hora hasta llegar a un barrio donde había pocas construcciones, unas, alejadas de otras, con amplios jardines y grandes fondos, casas señoriales donde en tiempos pasados, las damas y caballeros de la sociedad montevideana tenían sus haciendas de descanso solariego.
Lo seguí hasta el interior de la mansión. Comenzó a descorrer las cortinas en un gesto mecánico; afuera el día seguía gris. Se manejaba en su casa como un actor de kabuki, sus movimientos eran exactos, perfectos, elásticos. Me ofreció sake, bebimos sin hablar. Noté como el color se le subía a las mejillas, de pronto, desapareció. Lo esperé impaciente, recorriendo la gran sala, donde pude ver cuadros que representaban wamono, seguidos de bellísimas imágenes de mujeres con sus kimonos y obi de todos los colores. Al rato volvió con la vestimenta kabuki, y pensé que no me había equivocado, un traje suntuoso, extravagante, una enorme peluca y un maquillaje que según me hizo entender se llamaba benkei saru-guma, con tonos azules y marrones. Me contó que en sus tiempos de juventud, representaba a un hombre que se encargaba de guiar a las almas en su última morada, una obra oscura y legendaria plagada de misterios. Me pareció gracioso y mientras seguía con su orgulloso desfile de trajes, objetos antiguos, armas y todo tipo de elementos extraños a mis ojos, decidí que era el momento de retomar el tema por el que me encontraba en su casa. Al decirle haniwa, su cara pintada y graciosa, se transformó en una mueca, se detuvo el tiempo como en una imagen mie, quedé también estática, sin saber que hacer, apenas respiraba. Algo en mi interior me decía que estaba en el lugar equivocado a la hora señalada, pero era la pista más certera para mi tesis y no podía dejarla escapar. Se fue desatando la tensión y pude respirar, el viejo japonés que nunca supe como se llamaba volvió a servir sake, lo bebí todo de una vez tratando de calmar mi nerviosismo.
Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento es que el anciano se acercó y me dijo: “No hay haniwa sin cuerpo”.
Un frío me recorría el alma, no atinaba a darme cuenta qué era lo que estaba pasando, abrí los ojos lentamente y pude ver sobre mí una tela azul que me envolvía, la humedad de la tierra me había despertado del sueño, provocado por algún somnífero colocado en el vino. Sentí la respiración jadeante del anciano que revolvía la tierra y comencé a tratar de soltarme de la mortaja, sacudiendo mi cuerpo, aguantando un grito que quería escapar de mi garganta. Cuando al fin pude liberarme, asomé la cabeza y vi al anciano que cavaba una tumba. Había comenzado a llover nuevamente y hacía su trabajo menos pesado. Al costado del hueco pude observar una figura de arcilla con mis rasgos que terminó de convencerme del desequilibrio emocional del actor. Corrí descalza hacia la calle, con la improvisada mortaja aún sobre mis hombros, como un ajusticiado que escapa de su verdugo.
Así en ese estado me recogió una patrulla de policía. Descalza, sucia, mojada y con un pedazo de tela cubriendo mi cuerpo. Tuve que hacer muchas concesiones para comprobar que era quién decía ser. Les dije que era estudiante de antropología y realizando una excavación en un terraplén, éste, por acción de la lluvia, se vino sobre mí, casi enterrándome. Me creyeron y finalmente me llevaron a casa, aconsejándome una ducha y un buen descanso.
La frase que defendió mi tesis acerca de las esculturas de arcilla que se levantaban en el exterior de las tumbas fue:
”No hay haniwa sin cuerpo”
GLOSARIO
haniwa : escultura de arcilla que se levantaban en el exterior de las tumbas.
Doboko: armas de cobre
Dotaku: campanas de bronce
Dogu: figuritas de arcilla
Kabuki: forma popular del teatro japonés.
Sake: bebida alcohólica japonesa.
Wamono: tragedias familiares
Kimono: vestido tradicional.
Obi: franja ancha que ajusta el kimono.
Benkei saru-guma: hombre fuerte aunque gracioso.
Mie: el momento de mayor intensidad emocional que expresa a través de una imagen congelada.