Se levantó con su nariz ajustada al cinturón mientras intentaba manejar, de algún modo inexplicable, la silueta entre sus manos. Qué complejidad! Qué complejidad! Se repetía a sí mismo, en la oscura habitación de cortinados oblicuos. Sacudía la cabeza mostrando sus dientes sus hilos de arroz pintado enhebrado a sus palabras como ramos de lirios tramposos. Demoró demasiado en la protesta repentina de saberse despierto. Se dirigió al baño, respiró las baldozas de árbol caído colocadas despreocupadamente sobre las paredes, se miró al espejo y encontró una línea sobre su párpado que nunca había visto antes. Limpió sus anteojos entre las linternas de bostezos que trepadas a su boca intentaban romperle la nariz, desde abajo hacia arriba. Se sonrió.
Bajó la escalera de la parte delantera de su casa, lastimó sus pensamientos al saberse incapaz de surgir con naipes entre las rodillas, abrió la heladera y masticó las astillas de un sabor amargo. Se sentó junto a su gato sobre la mesa, lamió las raíces que colgaban de sus hombros, recordó aquel nombre que quería olvidar. Qué complejidad! Qué complejidad! Visión de aforismo en su cabeza opacada por la temperatura de los días. Volvió a decir. Lo último que escuchamos antes de cerrar los ojos y volver a sonreir.
Bajó la escalera de la parte delantera de su casa, lastimó sus pensamientos al saberse incapaz de surgir con naipes entre las rodillas, abrió la heladera y masticó las astillas de un sabor amargo. Se sentó junto a su gato sobre la mesa, lamió las raíces que colgaban de sus hombros, recordó aquel nombre que quería olvidar. Qué complejidad! Qué complejidad! Visión de aforismo en su cabeza opacada por la temperatura de los días. Volvió a decir. Lo último que escuchamos antes de cerrar los ojos y volver a sonreir.