sábado, febrero 24, 2007

INJURIAS }} por Pétr Kral

"Benjamin Péret insultando a un cura"


Desde comienzos del movimiento las injurias han sido un modo de expresión al que los surrealistas recurrieron en forma abundante, haciendo caso omiso, alegremente, de lo que por lo general se considera como "reglas de buena conducta" y "polémica correcta". Si bien no han sido los primeros en comportarse de esta manera –ciertos dadaístas, entre ellos Arthur Cravan han pasado por ser maestros en la materia–, sin duda han sido quienes han sistematizado los procedimientos a la vez que le han aportado un sentido preciso: el de un arma ideológica, de una violencia que encuentra su justificación en el carácter revolucionario del proyecto que el movimiento ha inscrito en su programa. Por lo demás, según el propio testimonio de Breton, la práctica surrealista de la injuria igualmente ha sufrido la influencia de una "buena parte de la literatura revolucionaria", de tradición marxista, comprendidas ciertas obras de Marx y Lenin (Miseria de la filosofía; Materialismo y empirocriticismo). Por otra parte, por su irracionalidad, la injuria se corresponde con el proceso que los surrealistas trataron de instruir al humanismo racionalista, así como a su preocupación por abolir la barrera que separa la afectividad del pensamiento conceptual.
Aparte de artículos, textos polémicos, cartas, y sobre todo panfletos –forma particularmente apreciada por los surrealistas– su gusto por la injuria se manifiesta igualmente en ciertos textos de fondo (Breton: Segundo Manifiesto del Surrealismo, 1930; Aragon: Tratado del estilo, 1928), como así también en algunas obras poéticas, entre las cuales Yo no como de ese pan (1936) de Benjamin Péret, continúa siendo uno de sus más bellos especímenes. Por lo demás, sea cual fuere el contexto, la eficacia de la injuria entre los surrealistas proviene siempre del arte que ellos poseen de aprovechar los recursos de la metáfora. En cuanto a los blancos elegidos, su elección ciertamente no se limita a los enemigos exteriores: frecuentemente la injuria ha sido empleada con la misma violencia en las polémicas entre los mismos surrealistas, tal como en el momento de la crisis de finales de los años 20 cuyos testimonios, constituidos especialmente por el Segundo Manifiesto del Surrealismo y el panfleto Un cadáver, se encuentran entre los más virulentos en toda la historia del movimiento. (Dictionnaire Général du Surréalisme et ses Environs)