
Nicolas Sarcozy, jefe del gobierno derechista francés, declaró este domingo sobre Julien Gracq: “Uno de los más grandes escritores franceses del siglo XX. Lejos de las modas y de los círculos mundanos (¿se refería seguramente al surrealismo, o será que Sarcozy pone a todos indistintamente en una misma bolsa?), ha inspirado a numerosos autores. Su reflexión sobre la literatura ha alimentado el desarrollo intelectual y estético de generaciones enteras de alumnos y estudiantes”(AFP).
A 10.000 kilómetros de distancia de este vendaval de cinismo y desvergüenza, un diario “progresista” de Buenos Aires, titulaba así la noticia: “Adiós al último heredero de Breton” (Página 12, 24/XII/2007).
Como se ve el “progresista” y el conservador, el conservador y el “progresista”, se hallan unidos por un común rechazo hacia el surrealismo y los surrealistas.
Que la derecha europea más cerril haya aprendido a identificar adecuadamente a sus enemigos intentando disponerlos a lo largo del panteón de las “glorias de Francia”, no tiene nada en particular , eso es más bien previsible. Es por lo menos coherente con el resto de sus intervenciones en el plano político, social y cultural. Los electores luego sabrán qué camino tomar… Pero es aquí, en un remoto país sudamericano, devenido esperpénticamente en bastión cultural de la postmodernidad (sobre todo, de aquella que nunca se atreve a decir su nombre), es aquí donde se observa mejor el anacronismo, la voluntad servil y el énfasis desproporcionado.
Es en la Argentina, donde el rechazo instintivo contra un movimiento mal comprendido, mal estudiado y luego explicado por “especialistas” de toda laya, sin otra autoridad en el conocimiento que la que les otorga su natural desconfianza, su elegante escepticismo o su intuición de rata de laboratorio, encuentra los mayores adeptos, los más decididos defensores de ese correlato insustituíble a las políticas neoconservadoras que ha dado en llamarse el postmodernismo.
Pues, ¿qué significa la frase “Adiós al último heredero de Breton”? Significa, inocultablemente, que para un cronista anónimo de Página 12 el surrealismo se va, el surrealismo ya se termina; ha muerto el último surrealista y santas pascuas… Incluso pretende corroborar esta comprobación con una frase enteramente fraguada, totalmente falsa, según la cual André Breton habría advertido con anticipación que, a Julien Gracq, le consideraba como “el último heredero del surrealismo”. Aún si no conociéramos muy a fondo la obra de André Breton, sería difícil creer en esta clase de afirmaciones. Hubiese sido faltarles el respeto a los cientos de surrealistas que le acompañaban –de los cuales evidentemente Julen Gracq tampoco es el último–, por no decir a la posteridad, a las generaciones del porvenir, de cuya vitalidad es la prueba más palpable la existencia en estos momentos de un movimiento surrealista internacional.
Y luego las pequeñas observaciones, los chismes para la coterie provincial, destinados a precisar el perfil del personaje: Que Julien Gracq era lector (¿que amaba, por qué no?) a luminarias como Claudel, Cocteau, Balzac y Zola . Seguramente el autor de la nota necrológica simplemente nos informa de los autores que hay en su biblioteca, no en la de Julien Gracq. Tampoco llega a comprender cómo es que pudo rechazar el "prestigioso Premio Goncourt" (siendo que aquí se arrancan los ojos por una Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores). Pero que al menos Gallimard le honró incluyéndole en su colección de la Pléiade, etc. Como se comprenderá, todo esto no vale un pepino, y es así como esta gente rinde homenajes al recuerdo de un “gran escritor”.
Louis Poirier, Julien Gracq. 1910-2007. Murió el sábado pasado en Saint-Florent-le-Viel. Los fantasmas del Castillo de Argol, hoy más vivos que nunca.
Juan Carlos Otaño
Buenos Aires, 24 de diciembre de 2007.