“… el Tiempo, que atraviesa como un vendaval por entre las copas de los ‘claritos’ y las servilletas delicadamente bordadas con el monograma de Oliverio Girondo, levantando con él pequeñas migas de pan, simplemente nos informa que, después de todo, ya no los veremos más al doblar una esquina, ni nos encontraremos con ellos casualmente, esperándonos en tal o cual café habitual, ni en casa o librería alguna…” (J. C. O. , en Celia Gourinski, “Anécdotas, olvidos y otros marasmos”).