jueves, abril 13, 2006

Voluntad e Imaginación. La escritura Surrealista. - Mariela Arzadun

“Nosotros sostenemos que la actividad de interpretación del mundo debe seguir vinculada a la actividad de transformación del mundo”.1

André Breton

Las complejas relaciones que existen entre el lenguaje y la realidad, la realidad y la poesía, la poesía y el surrealismo no deben quedar fuera de nuestro análisis. De acuerdo a la profundidad con que estos conceptos y sus relaciones sean tratados, cambiará o no nuestra manera de percibir el mundo y, de este modo, resistiremos a la fatalidad de hacer desaparecer el siempre necesario espacio de debate y puesta en crisis de toda “verdad” unívoca e inalterable.

En un mundo en el que prima el vaciamiento de toda ideología en nuestros actos, en el que se busca imponer la lógica del no cuestionamiento, a través de la acatación a discursos hegemónicos y hegemonizadores, en el que se empobrece el lenguaje desvinculándolo de su fuerza transformadora, desvinculándolo de su espíritu liberador, se vuelve forzoso reafirmar y recordar el potencial deber de los poetas de indagar la complejidad de los problemas humanos en la escritura.

¿Cómo asumir nuestras emociones, cómo ser responsables de nuestra capacidad volitiva, de nuestro libre albedrío en un mundo en el que se esconde el deseo, se declina la pasión en función de la conveniencia de “aprovechar el tiempo” según pautas que responden siempre a un otro y no a uno mismo?

La poesía como PRÁCTICA VITAL tiene el valor de reivindicar a la imaginación como principio dominante de nuestras vidas frente a las leyes del utilitarismo convencional, frente a las leyes del consumo y del confort posible que se estimula no solo en los medios de comunicación, y que principalmente se impone en las publicidades, sino que parece ser concentrado y fuerte en el positivismo del discurso social dominante.

Reconocer en la imaginación la verdadera dimensión de nuestra libertad, la capacidad de aventurarnos en nuestros castillos más desconcertantes y oscuros, en las regiones más inóspitas y exasperantes de nuestras mentes no implica, en coincidencia con lo expresado por el Grupo de Acción Surrealista de Londres (SLAG), abandonarnos a lo irracional despreciando el lenguaje racional, explicativo y argumentativo. Reivindicar la imaginación significa dejar de ver como antinomias irreconciliables a términos como lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, lo real y el sueño, lo verdadero y lo falso. Significa tomar conciencia de la limitación de nuestro pensamiento y al mismo tiempo la posibilidad de su liberación, de su apertura. Significa proporcionarle a nuestras mentes la revelación de lo imposible, la visión de lo inconmesurable del hombre, sus zonas ocultas, su inacabamiento, su indeterminación.

El Surrealismo, en la escritura automática y el relato de sueños, ejemplos de la experiencia surrealista, expone la necesidad de abrir el pensamiento para que podamos percibir el modo en que construímos conocimiento. No busca satisfacerse con el sólo hecho de dejar correr la tinta sobre el papel. No busca reunir retazos de frases al azar con el pobre fin de obtener “efectos pintorescos” y esteticistas. Busca, sí, provocar al hombre, incentivarlo a que preste atención a lo que ocurre en aquellos instantes en su interior, permitiéndole observarse a sí mismo en su proceso creador.


Mariela Arzadun

13 de abril de 2006

(1) André Breton, "Discurso en el Congreso de Escritores", en Manifiestos del Surrealismo, Ed. Labor, Barcelona, 1995, p. 269.